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RestauraciónPublicado el 6 min de lectura

Dos mesas de dos no siempre hacen una mesa de cuatro

Una pareja reserva online y acaba en la mesa de seis. Una hora después, un grupo de seis no encuentra sitio. El problema no es la reserva: es cómo se asigna la mesa.

Plano de un comedor con una pareja sentada en la mesa de seis y un grupo sin sitio

Sábado por la noche. A las cinco de la tarde una pareja reserva online y elige la mesa de seis junto a la ventana: está libre, es la más bonita, ¿por qué no? A las ocho y media llama una familia de seis. La mesa de seis la ocupan dos personas y las demás son demasiado pequeñas. La familia se va a otro sitio.

Nadie se ha equivocado y, aun así, el comedor ha perdido seis cubiertos. Es uno de los costes menos visibles de las reservas online, y casi siempre depende de una sola cosa: cómo se asigna la mesa.

El problema no es reservar, es asignar

Muchos sistemas de reservas nacen para resolver el problema del teléfono que no para de sonar. Y lo resuelven: el cliente reserva solo, a cualquier hora. Pero a menudo tratan el comedor como una lista de sitios iguales. Dejan que el cliente elija la mesa, o asignan la primera libre.

Quien trabaja en sala sabe que no es así. Una mesa de seis ocupada por dos personas son cuatro cubiertos que esa noche no vuelven. El encargado con experiencia lo sabe por instinto; un sistema automático tiene que saberlo por regla.

Regla 1: la mesa más pequeña que sirva

La regla más sencilla es también la más eficaz: cada reserva va a la mesa más pequeña en la que cabe el grupo. Dos personas a la mesa de dos, cuatro a la mesa de cuatro. Las mesas grandes quedan libres el mayor tiempo posible, para los grupos que de verdad las necesitan.

Por eso es mejor que el cliente elija la hora, no la mesa. La ventana es bonita, pero quien reserva no ve el comedor entero: el sistema sí.

Regla 2: decidir qué mesas se pueden juntar

Dos mesas de dos que están juntas se convierten en una mesa de cuatro. Dos mesas de dos en extremos opuestos del comedor, no. Parece obvio, pero un sistema que suma los sitios libres sin saber dónde están las mesas prometerá uniones imposibles.

La solución es dejarlo dicho de una vez: la mesa 1 se junta con la 2, la 3 con la 4, las mesas de la terraza entre sí. A partir de ahí, si un grupo no cabe en una mesa sola, el sistema busca una pareja libre entre las que se pueden juntar y la reserva como una sola mesa.

Primero la mesa sola más pequeña adecuada, después la unión. Nunca al revés.

Regla 3: cada servicio tiene su duración

Una comida rápida no ocupa la mesa lo mismo que una cena de degustación. Si cada servicio tiene su duración, el sistema sabe cuándo vuelve a quedar libre la mesa y puede ofrecer un segundo turno sin solapamientos. Si la duración es siempre la misma, o no existe, acabas bloqueando la mesa toda la noche o solapando dos reservas.

Regla 4: preguntar solo cuando hay elección

¿Comedor o terraza? Es una buena pregunta solo si a esa hora hay sitio en los dos. Si solo queda libre la terraza, preguntarlo es un paso más que hace abandonar la reserva. Las preguntas se hacen cuando hacen falta, no por costumbre.

Un ejemplo con números

Un comedor pequeño: dos mesas de dos, dos mesas de cuatro y una mesa de seis. El sábado a las 20:00 llegan, en este orden, cuatro peticiones: una pareja, un grupo de cuatro, otra pareja y un grupo de seis.

  • Si el cliente elige la mesa. La primera pareja se queda la mesa de seis. El grupo de cuatro coge una mesa de cuatro y la segunda pareja una mesa de dos. Para el grupo de seis no queda nada: una mesa de cuatro y una de dos, lejos una de otra. Sentados: ocho cubiertos.
  • Con la mesa más pequeña que sirva. Las dos parejas van a las mesas de dos, el grupo de cuatro a una mesa de cuatro y el grupo de seis a la mesa de seis. Incluso queda libre una mesa de cuatro para quien llegue después. Sentados: catorce cubiertos.

Mismas peticiones, mismo comedor, misma noche: seis cubiertos de diferencia. En un año de sábados, son números que se notan en la cuenta de resultados.

Qué hacer a partir de mañana

  1. Dibuja el comedor. Cada mesa con sus sitios reales, no los teóricos.
  2. Marca las uniones posibles. Qué mesas se pueden juntar de verdad, sin mover medio comedor.
  3. Da una duración a cada servicio. Comida, cena, degustación, aperitivo.
  4. Tenlo todo en un solo sitio. Las reservas que se toman por teléfono van al mismo sistema que las online; si no, ninguna regla puede funcionar.

En resumen

Las reservas online no solo tienen que quitarle trabajo al teléfono: tienen que llenar el comedor mejor de lo que lo harías a mano, no peor. Bastan unas pocas reglas claras, decididas una vez: la mesa más pequeña que sirva, las uniones posibles, la duración de los servicios.

El cliente elige cuándo venir. De la mesa adecuada se encarga el sistema.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor dejar que el cliente elija la mesa?

Normalmente no: el cliente no ve el comedor entero y tiende a elegir las mesas más grandes o más bonitas. Dejar que elija la hora y asignar la mesa automáticamente llena mejor el comedor.

¿Cómo se gestionan los grupos grandes?

Definiendo de antemano qué mesas se pueden juntar. Cuando un grupo no cabe en una mesa sola, el sistema busca una pareja libre de mesas que se puedan juntar y la reserva como una sola mesa.

¿Cuánto debe durar una reserva?

Depende del servicio: una comida rápida y una cena de degustación ocupan la mesa durante tiempos distintos. Una duración por servicio evita tanto las mesas bloqueadas toda la noche como los solapamientos.

¿Y las reservas que se toman por teléfono?

Hay que meterlas en el mismo sistema que las reservas online. Si están en una libreta aparte, ninguna regla automática puede tenerlas en cuenta.